jueves, 29 de octubre de 2009

- No se está tan mal como parecía.

- Ya te lo había dicho.

- Ya, pero creí que lo decías para que no me sintiese mal, no sé…

- ¿Por qué debería de hacer eso? Si te miento para que no te sientas mal en un momento determinado, luego, cuando llegue la hora de la verdad y veas que no era cierto, ¿no te sentirías el doble de mal?

- Es probable.

- Entonces, ¿por qué pensabas que había hecho eso?

- No lo sé, supongo que porque es algo que hace todo el mundo, ¿no? Una pequeña mentira sin malicia para no hacer sentir mal a una persona…

- Ya, pero yo no soy como todo el mundo y mentir ¿para qué? Yo no creo que la mentira proteja ni reconforte a nadie. Además, si la verdad te va a sentar mal, no es mi problema, en ese caso sería tuyo. Yo puedo buscar la manera de protegerte de otra forma, intentando cambiar la situación y/o el contexto, por ejemplo. Pero jamás a base de mentiras.



Me gustaba escucharla hablar con tanto convencimiento y sinceridad sobre cualquier tema. Desde que la conocí, siempre intentó dejarme claro su punto de vista, sin importarle lo que yo pudiera pensar o sentir con respecto a ello. No es que fuese una mala persona que solo mirase por sus intereses, era todo lo contrario. Tenía su propia visión de las cosas y me las expresaba con toda la honestidad que podía. Por supuesto, yo hacía lo mismo, y lo hacía porque ella me había hecho ser así. Jamás me dejó autocensurarme, decía que si no era capaz de ser sincera con ella, tampoco podría serlo conmigo misma.



- ¿Sabes qué? Nunca he conocido a nadie como tú.

- De eso no me cabe la menor duda.

- Oh, por favor, qué egocéntrica.

- Jaja. Sabes que es broma. Aunque bueno, dudo mucho que hayas conocido a muchos como yo y aún estés aquí para contarlo.

- Ei, a ti te he conocido y estoy aquí para contarlo.

- Ya, pero porque yo soy genial.

- Eso es cierto.

- Y de haber conocido a alguien más como yo… no sé, igual se enamoraba locamente de ti, pero si no llega a suceder eso, lo más seguro es que no pudieras contarlo.

- ¿Eso quiere decir que estás locamente enamorada de mi?

- Eso quiere decir que, si no lo estoy, nunca podrás contar que nos conocimos…

jueves, 8 de octubre de 2009

La luz cegadora se extiende por todo el lugar.

Esas pequeñas cosas que, por la oscuridad de la noche, no eran apreciables, ahora se distinguen, cada centímetro, cada minúsculo detalle que lo forma, se ve con una claridad estremecedora. Es toda una explosión para mis inexpertos ojos.

Pero no termina ahí, poco a poco, voy siendo consciente de todo mi entorno.

El olor del barro formado bajo los robustos árboles inunda por completo mis fosas nasales y es el lejano aleteo de un pequeño pájaro el que me hace reaccionar.

Miles de preguntas se abalanzan en mi mente, dispuestas a ser lanzadas al aire y poder, de ese modo, calmar un poco la extraña sensación de ansiedad que me corrompe.

Ella pone un dedo sobre mis labios impidiéndome emitir el más leve sonido.

Su piel se me antoja suave, y maravillada por esa suavidad me quedo observando su dedo, como si se tratase de una reliquia que jamás nadie pudo encontrar.

Su voz melódica atraviesa por completo mi ser, siento con cada palabra que dice como una caricia recorriendo cada centímetro de mi cuerpo.


- Sssh, ahora te mostraré cosas que jamás habrías ni soñado, descubrirás miles de sensaciones nuevas. ¿Estás preparada?


Yo asiento con un ligero movimiento de cabeza y sin mediar palabra sus brazos se aferran alrededor de mi cuerpo impidiendo que la más leve corriente de aire pase entre nosotras.

De nuevo, su índice juega a recorrer mis labios, su mirada se clava en la mia. Sonríe…

Muy lentamente su mano se introduce entre mi pelo, acariciando mi nuca con pequeños movimientos circulares.

Sus labios se topan con los míos…

Tenía razón, no sabría explicar tal sucesión de sensaciones.

Sentía como si una llama se acabase de encender en mi interior y se fuese avivando a cada instante. Una gran llamarada de fuego ardía en mis venas, la quemazón se volvía más y más intensa con cada roce de nuestros labios.

Cuando su mano se cansó de jugar entre mi pelo, comenzó a deslizarse por mis clavículas, poco a poco, perfilando por completo sus formas, como intentando memorizarlo todo. Su mano continuó su recorrido hasta mis senos, donde permaneció por largo tiempo masajeándolos incansable. Fue bajando, llegó a mi pubis, se coló entre mis piernas y me folló.

Me folló como nunca antes me lo habían hecho. Jamás hallaré la forma de expresar con palabras todo lo que sentí.

Era dura, fría, de movimientos rápidos e incesantes. Al mismo tiempo la sentía delicada, lamiendo la fina esencia de mi ser, caliente, pasional.

Los orgasmos con ella eran más intensos que nunca y su duración se había multiplicado por mil.

Tras morderme, saboreó nuevamente mi sangre, emitiendo el gemido más excitante que había escuchado en toda mi vida.

Mi cordura iba deteriorándose por momentos.

Con la boca aún llena de sangre me besó, mientras se rasgaba una muñeca y dejaba caer unas gotas sobre mi pecho.

Me ofreció su muñeca, a la que me aferré con todas mis fuerzas.

Ella lamió la sangre sobre mi pecho y volvió a colarse entre mis piernas.

El sabor de su sangre hacía que se me nublara la vista y el placer que me provocaba su lengua estaba consiguiendo llevarme al éxtasis de nuevo.

Exhausta, terminé desfalleciendo entre sus brazos.


- Mañana te enseñaré otra lección.

martes, 8 de septiembre de 2009

Limpio la lágrima que resbala por tu mejilla. Tu reacción silenciosa se basa en clavar esa mágica mirada en mi. De repente, como paralizada, dejo que mis dedos reposen sobre tu húmeda piel y... por un instante, el corazón deja de latir en mi pecho. Las únicas palabras que consigo enlazar forman una simple, pero verdadera y eficaz frase: Eres preciosa... Y ya no sé si son tus labios o los mios los que salvan la distancia que nos separa, no sé si se trata de esa fuerza invisible que nos empuja. Lo que si sé es que, a pesar de todo, una y otra vez volveré a tus brazos, sin poder evitarlo...

martes, 1 de septiembre de 2009

Yo jamás he deseado hacerte daño, de verdad, tienes que creerme. No pretendía que esto sucediese, yo… no sé… supongo que una parte de mi sabía que sentías algo muy fuerte hacia mi, pero… no estaba segura y… no creí que pudiese hacerte daño.

Sé que puedes pensar que como justificación es muy pobre, pero es así, no trato de convencerte, es solo que… Joder, yo… no… no lo sabía…

No sé qué quieres que te diga… Por favor… ¿Qué quieres saber?

¿A qué juegas? ¿Tratas de hacerme sentir mal tú ahora?

Vale, no voy a decir que no me lo merezca, pero…

No… no, no, no, no. Pues claro que no me lo merezco.

No te lo he hecho queriendo, no buscaba todo esto, ¿vale?

Yo solo… me sentía libre cuando estaba contigo. Todo era tan… normal.

No había tensión, no había presión… éramos tú y yo, solo nosotras.

Me daba igual estar rodeada de gente, porque solo te veía a ti.

No me importaba el lugar, ni la razón de estar ahí, porque tú… también estabas.

Yo lo sentía así y, por dentro, sabía que tú también lo sentías.

Pero no pude saber cuando la atracción, el cariño, el afecto que sentíamos… se convirtió, para ti, en amor…

Yo te advertí que no me había enamorado de ti, te dije que no podría hacerlo.

Supuse que con eso ya estaba evitando el hecho de que tú pudieses sentirlo hacia mi.

Creí que si te lo decía, podríamos seguir disfrutando la una de la otra, sin temer el final.

No llegué a pensar que podríamos estar en niveles diferentes, sentimentalmente hablando.

Ese fue el único fallo que hubo aquí y no pienso cargar con la culpa, ya que no soy responsable de ello.

Tampoco se te puede culpar a ti. Los sentimientos están ahí, existen por alguna razón.

Y sea cual sea la razón, ni tú puedes controlarlos, ni yo puedo hacer que los controles.


Pero si que puedes controlar tus sentimientos.


Puedo ralentizarlos, puedo negarlos… pero tampoco puedo controlarlos…

miércoles, 19 de agosto de 2009

Sé que deseas fervientemente que mi corazón vuelva a latir con fuerza. Sé que lo has escuchado agitarse revoltosamente cuando, tras la precipitada carrera entre tinieblas, nuestros cuerpos chocaron y dulcemente cayeron uno encima del otro. Sé que notaste como se revolvía más rápidamente en el instante que mi cuerpo se alejó de ti, deshaciendo el beso que en mis labios acababa de recibir. Sé también que pudiste sentir el bum bum feroz, cuando nuestras ropas empezaron a deslizarse por nuestros cuerpos, terminando su recorrido en el suelo. Pero no te equivoques, mi corazón jamás podrá latir en tu honor, no podría soportarlo. En mi corazón ya no existe espacio para más amor…

jueves, 13 de agosto de 2009

Su cuerpo temblaba frente al mio. Un escalofrío recorrió mi espalda cuando, tartamudeando, me preguntó si podríamos volver a vernos. Le dije que si con la mirada, sus mejillas se sonrojaron. Creí que iba a llorar por la perfección del momento, por toda la belleza que ella desprendía a su alrededor, pero no pude más que sonreír maravillada con el espectáculo que estaba sucediendo. Alcé mi mano hacia su rostro, mis dedos acariciaron su suave piel. Ella clavó su mirada en la mia y el tiempo se congeló.

Es extraño el sentimiento que me azota el alma cuando ella no está. Siento un vacio inmenso que me transporta a un mundo completamente alejado de la realidad, es como navegar sin rumbo, con un corazón que me pesa en el pecho. Siento como que debería desprenderme de él, ya que la sensación de desasosiego es tan fuerte que incluso me cuesta respirar y pensar con claridad.

No sabría explicar con palabras la delicia que siento cuando la veo. Al tenerla frente a mi, no es solo su cuerpo el que, temblorosamente, se acerca al mio. No soy capaz de tener bajo mi completo control los movimientos que hago. Intento que se me note lo menos posible, pero cuando nuestras miradas se cruzan, sé que dejo que se vea todo lo que mi corazón siente hacia ella.

En un estado de completo aislamiento, mis músculos se relajan y contraen en minúsculos intervalos de tiempo. De nuevo me azota ese malestar producido por su lejanía, de nuevo comienza la espiral de sucesiones de imágenes en las que solo puedo verla a ella: su pelo ondeando al viento, su caminar pausado, su magnética mirada, la perfección de sus labios y sus dulces gestos...

Ya está, ha ocurrido de nuevo, está en mi mente y en mi corazón... Pronto comenzará la persecución, las incesantes carreras... Otra vez seré capaz de flotar mágicamente ante la mirada incrédula de la gente... Y de nuevo, la caída me esperará...

domingo, 9 de agosto de 2009

Tenemos que hablar.


¿Qué haces aquí? ¿Cómo has entrado?


Eso es lo de menos, lo importante es que estoy aquí y es por alguna razón.


Me dan igual tus razones, me da igual todo, quiero que te vayas.


No puedo.


Si puedes y lo vas a hacer.


No, no me puedo ir hasta que me escuches.


No quiero escucharte.


Debes hacerlo.


¿Qué pasa si no quiero?


Pues que no podré irme, ni tú podrás continuar con tu vida.


No podré continuar con mi vida si sigues apareciendo cuando te da la gana, por lo tanto, es el momento de que te marches y me dejes en paz.


¿No lo entiendes? No voy a poder dejarte si no me escuchas antes, cuando oigas lo que tengo que decir ya no volveré jamás a molestarte.


No te creo, eres un fantasma, un fantasma que aparece cuando menos lo necesito, que me jode la cabeza, que no me deja respirar. ¡Lárgate ya!


Sabes que no soy un fantasma, no exactamente.


¿Entonces qué eres?


Soy la persona de la que una vez te enamoraste, soy esa chica que te robó el corazón, soy tu mitad perfecta, tu única esperanza, tu salvación.


No, eres la persona que me hizo morir en vida, la que me complicó la existencia, la que me provocó todos los ataques de ansiedad, la que me sumió en la depresión… Pero ahora ya te he superado, no tengo nada que escuchar de tus labios, ya no. Ni lo quiero, ni lo deseo, ni lo necesito.


Yo creo que si.


Tú no tienes ni idea de lo que pasa por esta cabeza, no sabes nada de lo que siento, nunca te has molestado en intentar averiguarlo, ahora no va a ser diferente. ¿Por qué no te vas y continuas con tu perfecta vida alejada de mi?


Porque tienes que escucharme.


No quiero escucharte, ¿por qué me haces esto? Déjame vivir.


Es lo que trato de hacer, por eso tienes que escucharme, entenderlo todo y ver las cosas como realmente son.


No vas a conseguir convencerme de nada, así que no te molestes.


Déjame hacerlo, no quiero convencerte, solo quiero calmar tu dolor.


Ya no siento dolor…


Si lo sientes, tal vez no lo sientas hacia mi, pero ambas sabemos que no puedes avanzar por ese temor. Ahora, por favor, escúchame.


Habla rápido, antes de que cambie de idea.


Está bien. Sabes que te he querido, ¿verdad?


Vale, de acuerdo, has empezado mal, no quiero escuchar más.


No, espera. Es cierto, te he querido, te he querido muchísimo. Te quise y te quiero con toda mi alma. Cuando te conocí destartalaste mi vida…


No te atrevas a culparme a mi.


No es lo que quise decir, por favor, no me interrumpas, pronto entenderás lo que quiero decir.

Conseguiste romperme los esquemas con tu sola presencia, yo creía haber encontrado a la chica con la que pasaría el resto de mi vida, pero tú apareciste y… sentí que ella ya no importaba tanto, sentí una necesidad de conocerte, de… de poseerte…


Y lo conseguiste, era tuya, absolutamente tuya, podías haber hecho conmigo lo que te hubiese dado la gana, estaba completamente a tu merced…


Lo sé, lo sé. Eras mía, tan mía que incluso me dolía el alma cada vez que nos separábamos. Te tenía, igual que tú me tenías a mi.


Yo nunca sentí que tú fueses mía, siempre había una barrera que nos separaba, algo que no me dejaba tenerte por completo, no de la misma forma que tú podías tenerme a mi.


Es cierto, era mi culpa, si que te quería, pero tenía miedo. Acababas de entrar en mi vida y te habías entregado a mi con tanta rapidez que me asusté.


¿Tratas de decirme que, si no me hubiese enamorado de ti tan rápidamente, no te hubieses alejado?


No, trato de decirte que, si yo no hubiese sentido lo mismo con tanta facilidad, ahora no estaríamos en esta situación.


Mira, no tengo ni idea de a qué viene todo esto.


Déjame continuar.

Tenía miedo porque estaba enamorándome de ti, pero a pesar de eso, tenía a mis espaldas una relación de años con otra persona, ella me había librado de la soledad que sentía y jamás pensé que podría sentir algo parecido por nadie más. Tenía que hacer algo al respecto, no era justo para ninguna de vosotras que yo pudiese disfrutar de la compañía de una y de la otra. Al principio, cuando la dejé y empecé a estar solo contigo, creí que podía ser la solución… pero me equivoqué… Seguía sintiéndome vinculada a ella y eso a ti te hacía sufrir. Recuerdo una noche en especial cuando no pude contener las lágrimas por ella y tú me cediste tu hombro para llorar. Esa noche entendí que no podía continuar haciéndote eso, sabía que poco a poco te iba destrozando… y no quería que te sintieses así.


¿Por qué me haces recordarlo todo?


Nunca lo has olvidado…

No podía verte así, me sentía culpable, me odiaba a mi misma, si yo no hubiese intentado tenerte, probablemente tú nunca habrías venido detrás de mi y no llegarías a sufrir como lo estabas haciendo. Así que tomé una decisión, una decisión de la que me he arrepentido muchas veces, podría haber hecho las cosas de otra manera, pero… en ese momento no se me ocurrió ninguna otra solución. Decidí que, ya que yo no podía perdonarme, tú tampoco lo ibas a hacer. Fue entonces cuando comencé a separarme de ti, cuando comencé a actuar mal contigo. Lo reconozco, fui una auténtica hija de puta contigo… pero aún así, pudiste perdonarme… y cuanto más intentaba hacer que me odiaras, más compasión sentías por mi y más odio sentía yo hacia mi persona. Era como estar en un bucle… Yo te jodía, tú me perdonabas, yo me odiaba y encontraba la manera de lastimarte más…


Y lo conseguiste… Llegaste a hundirme, había momentos en los que creía que jamás podría volver a salir a la calle…


Lo sé y lo siento, pero no sabía de qué otra forma castigarme.


¿Castigarte? Me estabas castigando a mi.


No. Te castigaba a ti sin querer, lo que quería era castigarme a mi misma. Intentaba que me odiases porque eso me mataría, y pretendía que tú, a raíz de ese odio, pudieras superar lo nuestro. Pero no fue así… Supongo que infravaloré tus sentimientos.


Si, lo hiciste.


De todos modos, no quería conseguir nada de esto. Yo no quería joderte la vida.


Ya está, ya ha pasado, te he superado.


Sé que ya no piensas en mi de esa forma, sé que lo nuestro ya no tiene el mismo valor que antes y me alegra que, al final, consiguieses salir adelante. Pero te ha marcado negativamente y por mi culpa ya no tienes esperanzas.


Oh, por favor, no eres el centro del mundo.


¿Eres capaz de negarme que la que actúa así ahora, no eres tú?


Yo no soy una perra sin escrúpulos.


No, eres una persona que tiene miedo a sus sentimientos y teme aún más, si se puede, los sentimientos de otras personas. Dime, ¿cuántas veces has sentido algo parecido desde entonces?


Un par de veces…


¿Ha funcionado?


No…


¿Por qué?


¡Porque no era equiparable! Jamás he sentido algo tan fuerte por nadie como lo he sentido por ti. Cuando he tenido algo que se parecía un poco, no podía hacer otra cosa que pensar en ti y en lo mucho que te quise… y lo que tenía en ese momento, no había sido ni tan fácil, ni tan fuerte, como contigo… Y eso me mataba.


¿Por qué?


Porque sabía que, con esfuerzo, con comprensión, tal vez… y solo tal vez, podría llegar a superar lo que tú y yo habíamos tenido.


¿Y no querías eso?


Por supuesto que lo quería.


¿Entonces?


Pero no era lo mismo. Contigo todo había surgido sin querer, se hizo todo muy intenso desde el primer cruce de miradas, desde el primer roce de nuestras manos… me había enamorado de ti antes de que nuestros labios consiguieran juntarse… Lo que tenía con las demás había ido creciendo progresivamente, con lentitud… y para poder superar lo que nosotras habíamos tenido, tendría que pasar mucho tiempo y no me veía capacitada para soportar tanta presión, ni tanta lucha… Total, el resultado iba a ser el mismo.


Y por ese motivo abandonabas antes de intentarlo.


¿Por qué voy a tener que volcar todas mis esperanzas en una relación sin futuro?


Pero ¿cómo puedes saber si teníais o no futuro?


¡Lo sentía así!


Eso no es cierto. No puedes saber a ciencia cierta si algo tendrá o no futuro si antes no lo intentas. Debes aprender a abrir tu corazón de nuevo…


Yo ya no tengo corazón.


Si que lo tienes. Tienes un gran corazón, lo que pasa es que está herido y lleva su tiempo recomponerlo, eso lo entiendo. Pero no puedes negarte la oportunidad de ser feliz por el dolor de antaño, por el miedo presente, por las caídas futuras…


¿Qué quieres que haga? ¿Que me embarque en relaciones que no llegarán a buen puerto, que me hagan daño constantemente? ¿Quieres que sufra eternamente, es eso lo que estás buscando?


No, lo que quiero es que borres esa mentalidad. Te van a hacer daño, igual que tú lo vas a hacer.


Yo no quiero hacer daño a nadie.


No quieres, pero lo vas a hacer, ya lo has hecho.


No le he hecho daño a nadie.


¿Estás segura? Piénsalo un momento. ¿Qué ha pasado para que tus relaciones no funcionasen?


Simplemente se terminaban.


¿Se terminaban o las terminabas tú?



¿Lo ves? Has hecho daño…


Yo no quería… solo intentaba alejarla a la persona antes de que fuese demasiado tarde, antes de que realmente pudiera sufrir.


Pero ya era tarde…


No era tarde, si hubiese dejado que el tiempo siguiera pasando, ahora sería mucho peor.


Tal vez fuese la correcta.


Tal vez no…


Pero no puedes saberlo.


No quiero saberlo.


No puedes vivir así siempre. En algún momento de tu vida te darás cuenta de que esta no es la solución, pero entonces, sí que va a ser tarde… pero no para las demás, será tarde para ti. Llegará el día en el que tú misma te habrás consumido tanto, te habrás sumido en tal soledad que, aunque lo intentes, no podrás querer a nadie.


Ya he aceptado mi sino.


No es tu sino, no te confundas. Tratas de convencerte a ti misma de que nunca podrás tener una relación seria con nadie porque no eres capaz de ver que tú sola te lo estás buscando. No digo que todo sea culpa tuya, está claro que has sido inducida a pensar así y parte de eso es por mi. Si yo no me hubiese comportado de esa manera, tú no llegarías a plantearte estas cosas. Pero ha pasado y debes aprender que todo el mundo hace daño, unas veces queriendo, otras sin querer, pero siempre saldrá alguien herido.


Eso lo entiendo…


Pues ahora, espero que te entre en la cabeza, que con tu actitud no vas a conseguir nada. Si te hacen daño no es tu culpa, no debes resguardarte en tu burbuja de cristal y alejarte del mundo. Eres fuerte y debes luchar. Algún día llegará a ti la persona adecuada, pero hasta ese momento, no puedes sentarte de brazos cruzados y esperar a que aparezca, tienes que seguir dándole oportunidades a la gente, porque sino, cuando la correcta llegué, no la verás aparecer. Abre tu corazón, es la única manera de asegurarte un futuro. Prométeme que no te cerrarás en banda nunca más.


No es tan fácil lograr eso.


Yo no he dicho que lo fuese…

sábado, 8 de agosto de 2009

Crónica de un Suicidio Liberador

Eran las doce de la noche y ella seguía dando vueltas por su oscura y solitaria casa.
Adoraba el silencio y disfrutaba de la tranquilidad que se respiraba.
Jamás, por muy tarde que fuese, encendía las luces.
Era su casa, la conocía a la perfección, por ese motivo vagaba por el pasillo en la más completa oscuridad.

Las horas se precipitaban con gran sigilo, mientras su cabeza confundida continuaba con sus desordenados pensamientos girando en espiral.
Recordaba un suceso de antaño, una caricia difusa, unas palabras vacias de toda emoción, un sentimiento congelado y el escalofrío que precedía a una reacción destructiva.
Sus mayores miedos se materializaban en aquellas imágenes violentas que se sucedían cada noche a la misma hora.

Eran las tres de la mañana.
Decidió que lo mejor sería prepararse un baño reparador.
Llenó la bañera con agua tibia, colocó las velas para recrear un ambiente confortable y relajante.
En su habitación, se quedó parada ante la delicada flor azul con destellos violetas que tanto le gustaba.
Quiso que esa dulce flor la acompañase.

El olor metalizado de su sangre se mezclaba con la cera de las velas.
El contraste de colores rojos, azules y violetas con aquella tenue luz era impresionante.
Resultó incluso irónico que, en sus últimos momentos de vida, hubiese alcanzado la perfección que había buscado durante toda su vida.
Jamás pudo imaginar que desprendería tanta belleza y delicadeza por cada poro de su piel.
Ya no había rencor, ya no había dolor, había logrado su meta, ahora podría disfrutar de su sueño eterno.

jueves, 9 de julio de 2009

Diecinueve (II)

Su hija está aquí, en estos momento se dirige a ver a su madre.

-


No me ha dejado llamarle antes…

-


No, perdone, pero ella tiene razón, es mayor de edad y tiene derecho a verla sin su consentimiento. No he podido hacer otra cosa…

-


Lo sé, lo sé, pero ¿qué quería que hiciese?

-


Mire, yo estoy aquí para velar por la seguridad de mis pacientes, no para recluirlos e impedir que sus parientes no puedan verlos, si tiene algún inconveniente con eso, haga lo que crea necesario, trasládela si así lo desea, pero no puedo evitar que se vean.

-


Muy bien, aquí estaremos.

Diecinueve (I)

Disculpe, pero no tiene derecho a avisar a mi padre, como ya le he dicho soy mayor de edad y puedo estar aquí sin su consentimiento. Y usted tiene la obligación de cumplir mis requisitos y permitirme verla ya que soy familiar directa. Si me hace el favor, evite los tecnicismos conmigo y haga lo que le estoy pidiendo. Necesito verla de inmediato.

Dieciocho (III)

Por ello estoy hoy aquí, soy mayor de edad y tengo derecho a verla. Quiero saber cómo se encuentra y no me valen los escasos datos que me da mi padre, estoy convencida de que sus informes son bastante más extensos de los que él me hace creer. También me imagino que no me dice toda la verdad porque no será agradable, pero de lo que él no se da cuenta es de que, por mucho que se empeñe, sigue siendo mi madre y quiero saber qué es lo que le pasa, por qué está así y si se puede hacer algo para solucionarlo.

Dieciocho (II)

Y tendremos una casa cerca del mar y un perro, no, no, un gato. Tendremos un gato.

Un gato para tener la casa siempre llena de pelos, si.


Eso se limpia. Tendremos un gato que nos hará compañía y dará más alegría a nuestro dulce hogar.


Con tal de poder estar juntas, ya no hará falta nada más que de alegría, porque yo la desprenderé por cada poro de mi piel.


Con eso ya contaba, jaja.
También tendremos una piscina.

¿Una piscina?


Si, una graan piscina en nuestro espacioso jardín.

Pero, a ver, ¿tú quieres una casa o un palacio?


¿No vas a concederme ese pequeño capricho?

Claro que si, de hecho, con mi sueldo imaginario te compraré una isla imaginaria en un mundo imaginario.


Jajajaja, vale, dejaré de teorizar con absurdos. Pero quiero que nuestra casa tenga terraza.

Una amplia terraza en la que tomar el sol desnudas sin que nadie nos pueda ver.


Si, eso me gusta... Una gran terraza en la cima de un gran edificio en el que nos pondremos morenas mientras hacemos el amor.

Exacto, mente pervertida.


¿Pervertida yo? Has sido tú la que lo ha insinuado antes.

Yo he dicho tomar el sol desnudas.


Claro, como si pudieses verme desnuda sin sentir deseos carnales hacia mi.

Lo mismo te digo.


Jaja, yo no había dicho lo contrario...

Dieciocho (I)

Mi padre es una buena persona y no creo que jamás pensara que las cosas acabarían así. El día que mi madre me pegó, él se cabreo mucho y me dijo que debíamos tomar una decisión. Ya puede imaginarse cual fue el resultado.

Acelera , me digo a mi misma, que el día es muy corto y aún me queda mucho camino por recorrer. El paisaje se precipita a mi alrededor, no sé exactamente hacía donde me dirijo, solo sé que me gustaría poder estar allí ahora mismo. Un poco más, un cruce sin señales, una recta kilométrica, el pie me pesa sobre el acelerador, la aguja del velocímetro sigue avanzando escandalosamente marcando el 130. Deja de pisarlo tanto que una multa por exceso de velocidad en estos momentos no te va a resultar nada agradable. La música resuena en mis oídos y sin poder evitarlo me pongo a cantar. ¿Cantar? ¿Desde cuándo sé cantar? La palabra más adecuada sería gritar… Elevo la voz, aun que mis palabras se quedan ahogadas por el volumen excesivo de la música. Curva a la derecha, curva a la izquierda, derecha de nuevo, joder, cuántas curvas. No sé de qué me quejo, me gustan las curvas, por eso siempre opto por viajar por carreteras secundarias, para hacer el viaje más ameno, curva hacía aquí, curva hacía allá, cambio de rasante, adoro conducir. Fíjate bien en los detalles, el camino es nuevo y perderse sería fatídico. La ansiada meta está frente a ti, un poco más, un poco más y habrás llegado.
Horas y horas sentada frente al mar, horas y horas esperando una sonrisa, horas y horas divagando sobre ti, horas y horas… mi mente no puede más… mi salud mental se deteriora, mis nervios se crispan, mi cabreo aumenta y esta sensación tan extraña se apodera de mi.
Jamás había experimentado tal sucesión de sentimientos, de emociones, de pensamientos encadenados, erróneos, martirizados.
¿Es soledad, es impotencia, es rabia lo que siento? ¿Es comprensión, debilidad, serenidad? ¿Es culpable, es inocente, es estúpida como me siento?
Peliculera, si, es cierto, soy una peliculera, para bien o para mal, pero así soy yo. La paranoia sigue en aumento, la visión de la realidad se ve en diferido, los sentimientos se contradicen, pero la parte buena de toda desgracia se ve, al final, multiplicada por mil.

viernes, 19 de junio de 2009

Diecisiete

Si, la relación con mi padre cada día iba a mejor, lo que hacía empeorar la que tenía con mi madre. Yo creo que sentía celos porque siempre estaba pendiente de mi, se preocupaba, me consolaba, me hacía regalos y me cedía su hombro para llorar. Creo que no le sentó demasiado bien a mi madre ver todo eso. El día que colmó el vaso fue cuando, no recuerdo exactamente el motivo pero sé que había sido por una tontería, me pegó. Jamás me había levantado la mano, se dedicaba a maltratarme psicológicamente, si, eso se le daba muy bien. Pero aquel día lo hizo.

martes, 16 de junio de 2009

Dieciseis

¿Te puedo hacer una pregunta?

¿Te he dicho alguna vez que no me gusta que me hagas esa pregunta?

No, ¿por qué?

Porque preguntándome eso, ya me estás haciendo una pregunta.

Ya, pero esa no es la pregunta.

Lo sé, por eso no me gusta que me preguntes eso, si quieres hacerlo, pregunta directamente.

Vale... ¿Sabes por qué estoy aquí?

... Pensé que a estas alturas ya sabías el por qué...

No, si eso lo sé. Lo que yo quiero saber es... ¿Cómo es que estoy aquí? ¿Voluntariamente? ¿Alguien me ha obligado? ¿Cómo?

Cariño... no le des tantas vueltas, ¿vale? Yo no soy nadie para contestar a esas preguntas, si tienes que saberlo, alguien se encargará de decírtelo, yo no puedo...

¿Por qué no? ¿Quién mejor que tú para decírmelo?

No, yo no soy nadie para hacerlo...

Si que lo eres. Estamos juntas, ¿no? ¿Por qué no vas a tener el derecho de decírmelo? Además, te estoy preguntando a ti y no a otra persona, así que si, tú puedes decírmelo... por favor...

No, no, no y no. Yo no puedo. No puedo, no quiero y no debo.

Pero ¿por qué?

Porque yo no estoy aquí para eso. Yo tengo que cuidarte y velar por tu seguridad, punto.

Pero no es eso lo que haces...

Si que es lo que hago. Vale, me he extralimitado en mis funciones. Lo que tenía que hacer era bastante más sencillo, pero me he enrolado en una relación sentimental contigo y he complicado más las cosas ya que, ahora, además de cuidar y de mirar que estés bien, tengo que vigilar que no nos descubran...

Lo hubieses pensado antes si tanto te está costando realizarlo ahora...

No me puedo creer que estés diciendo eso. ¿Quieres que lo dejemos y así no tengo que preocuparme por nada más?

No... yo no he dicho eso. Lo que digo es que si te estás quejando, lo hubieses pensado antes. Yo no te obligué a estar conmigo, ni te obligo a esconderte, ni a vigilar tu espalda, ni nada...

Mira, mejor me voy a ir, dejar esta charla y ya, cuando estés más calmada, hablaremos.

A ver, no te enfades. Lo siento, ¿vale? Entiéndeme, por favor. No sé nada de mi vida fuera de estos muros, lejos de ti... Tengo miedo...

¿Por qué?

Porque no sé si estoy aquí porque alguien ha hecho lo posible para que esté y de ser así, ¿qué va a pasar cuando salga? Yo quiero estar contigo... quiero saber si voy a poder hacerlo...

Ahora no tienes que preocuparte por eso, ¿de acuerdo? Estamos juntas y lo estaremos, pase lo que pase y venga lo que venga...

Te quiero...

Quince

No, eso no fue de inmediato. Mi padre regresó a casa a las pocas semanas de haber hablado conmigo, yo misma hice de mediadora entre mi madre y él. He de decir que ha sido una de las cosas más desagradables por las que he pasado en mi vida porque a la que peor trataba era a mi, como es bien sabido al mensajero siempre se le corta la cabeza y eso era lo que hacía mi madre cada vez que me dirigía la palabra. Mi padre me decía que debíamos aguantar un poco más, que se acabaría calmando, pero… ese día no llegaba.

sábado, 13 de junio de 2009

Catorce (II)

Claro que te quiero, por supuesto que lo siento. Te necesito a mi lado, disfruto con tu compañía, me regocijo en tu sonrisa y tu mirada enamorada. Adoro tu caminar tranquilo, me gusta tu mirada perdida y me deslumbra tu satisfacción al encontrarte conmigo.

Catorce (I)

¿Pero cómo no voy a quererte si eres tú la única que hace latir este pobre e inutilizado corazón? ¿Cómo no voy a adorarte si eres tú la única que me sabe hacer volar por un mundo paralelo y lleno de felicidad con tu sola presencia? ¿Cómo podría yo olvidarte si estás presente en cada sensación satisfactoria que siento? ¿Cómo podría yo alejarte si ocupas toda mi mente?

Trece

¿Yo? Claro que me he culpado mil veces de lo sucedido, llegué a pensar que, de no haber sido por mi, nada de esto hubiese ocurrido, que todo estaría bien, en calma… Pero gracias a mi padre pude verlo todo. Él me hizo abrir los ojos. Al principio no me fiaba, pensaba que podía ser algún tipo de estrategia para separarme de mi madre, pero no, nada de lo que ella hacía era normal, pero yo no quería verlo, a pesar de tenerlo delante, a pesar de sufrirlo. A ver, ciertamente, no le costó demasiado convencerme de que era culpa de ella y no mía, pero en el fondo no podía evitar sentirme mal y, esta vez, por doble motivo. Me sentía culpable porque pensaba que podía ser culpa mía realmente y me sentía culpable por estar dudando de mi madre de esa manera.