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domingo, 30 de octubre de 2011

Veintitres

A veces, la vida, nos lleva por caminos por los que, ni en las peores pesadillas, habías imaginado.

Son pruebas, obstáculos que esta te pone delante.

¿Por qué?

Esa es una buena pregunta. Supongo que... para hacernos más fuertes...

Lo malo es que a algunos no los hace más fuertes, sino que los destruye.

Temo cuando pienso en eso... ¿y si eso es lo que me depara a mi?
¿Y si no soy capaz de soportarlo y termino de romperme por completo?

Siempre he querido creer que era una persona fuerte, casi inamovible, imperturbable, impenetrable... Alguien a quien no era fácil dañar... He soportado ya demasiadas cosas y he salido airosa de todas ellas, me he fortalecido tanto por dentro, como por fuera... ¿por qué no iba a creer que era lo suficientemente fuerte como para soportar algo más?

Estaba convencida de ello... estaba, tiempo pasado...

Ahora, cada pequeño golpecito que sufre mi corazón, me duele...
Era diferente antaño... los golpes me hacían fuerte, no los sentía, era hielo.
No entiendo por qué ahora me duele tanto... no lo entiendo...
Y mi desesperación va en aumento.
No sé si podré conseguirlo...
Sé que debo luchar, lo sé. Pero tengo miedo... no quiero que me duela.
Prefiero una caída rápida, indolora, que sentir pequeñas puñaladas en el pecho...

viernes, 28 de octubre de 2011

Veintidos (II)

¿Cómo se siente?



- Pues no muy bien.



¿Por qué?



- Creo que usted ha estado presente en todo momento.



Pero no sé cómo se siente, ni qué es lo que lo ha provocado, a pesar de escuchar la misma conversación. Cada uno siente cosas diferentes aunque las palabras sean las mismas.



- Me siento dolida y cabreada con usted.



¿Conmigo?



- Si, si no hubiese dicho que puede que sufra otra crisis, yo no estaría aquí.



No he dicho nada que no sea cierto.



- Según su criterio.



Por supuesto.



- ¿Pero tiene alguna prueba de que eso pueda ocurrir realmente?



Tampoco tengo ninguna prueba de que no pueda ocurrir.



- Eso es que no puede asegurar que me vaya a pasar.



Insisto, tampoco puedo probar que no le vaya a pasar.



- Ni que si. Por eso mismo, ha creado la duda. No tiene pruebas de que me pueda pasar, pero tampoco de que no me pueda pasar. No tiene ni idea de nada. Pero ahora la situación es diferente, ahora ya no podré ser libre y feliz e ir viendo cómo van saliendo las cosas, sino que tendré que estar aquí encerrada, sola y deprimida... ¿esto no es peor?



¿Por que iba a ser peor?



- Porque de la otra manera estaría entretenida. Ahora no tengo otra cosa que hacer más que pensar en cómo y cuándo acabará todo esto.



¿Y no cree que la solución está en sus manos?



- ¿Qué solución? No puedo recordar algo que no recuerdo, por eso mismo, porque no lo recuerdo. ¿Cómo quiere que lo solucione?



Podemos trabajar en eso.



- Podíamos trabajar en eso igual, yo no he dicho que fuese a renunciar a las sesiones. Estaba completamente de acuerdo en venir todas las semanas.



Pero aquí está más controlada, más vigilada. Aquí está mucho más a salvo que en cualquier otro sitio.



- Eso vuelve a ser según su criterio.



Por supuesto. No creo que fuera tenga los medios necesarios por si a usted le ocurre algo.



- Y volvemos a lo mismo de antes. Usted no tiene pruebas de que me pueda ocurrir algo.

Veintidos (I)

No entiendo nada. ¿Por qué motivo iba a tener que estar ella aquí?



- Porque yo quiero que esté.



¿Por qué?



- Porque...



-- Espera. Tome mi carta de dimisión, ha sido un placer haber trabajado aquí durante todos estos años.



¿Qué está pasado exactamente?



-- Lo siento mucho. Todo este tiempo ha tenido razón.



¿Me estás intentando decir lo que creo?



- Si lo que piensa es que mantenemos una relación, si.



-- Sé que esto no debería de haber pasado. Lo sé, pero... no he...



- Hemos.



-- No HEMOS podido evitarlo. Ha sucedido sin más y... aquí estamos...



Lo mejor sería que nos dejases a solas.



- ¡No! Quiero que ella esté conmigo, sino... yo también me iré.



Tú no puedes irte.



- Está claro que ahora ya puedo irme. Da igual que no recuerde el pasado, me da exactamente igual porque todo mi mundo, ahora mismo, es ella. Es lo único que sé que tengo con seguridad y lo único que me importa. Por lo tanto, si ella se va, yo me voy. Obviamente no puede negar que no me he recuperado.



Yo no estaría tan segura. Lógicamente si aún no recuerdas el pasado, es por algo, y ¿quién asegura que no puede volver a darte otra crisis y empeorar?



-- ¿Eso podría suceder?



No es descartable, por el momento.



- No, no. Eso no es cierto. No empecemos con eso ahora...



-- Pero, si es una posibilidad...



- Pero tú y yo no habíamos quedado en eso.



-- Pero...



- No hay peros. Nos íbamos a ir, juntas. Íbamos a venir a las sesiones con mi hija todas las semanas, pero tú y yo estaríamos juntas, lejos de todo esto.



-- Pero eso era antes de saber que te puede dar otra crisis... creí que ya estarías bien, que solo te faltaba recordar, pero...



- No, no me hagas esto. No me hagas esto.

Veintiuno

No, no, no, no... No quiero hablar con esa chica... No quiero hablar con nadie... ¿Qué es todo esto?


- Tienes que hacerlo...



Ha dicho que es mi hija. ¡Mi hija!


- Ya...



¿Desde cuándo tengo yo una hija?


- Diría que desde hace 18 años...



¿Tú sabías algo de esto?


- ...



¿Lo sabías? ¿Era esto lo que se supone que no me podías decir?


- Lo siento...


No me lo puedo creer... Lo sabías y te callaste...


- Yo no te podía decir nada, no tengo derecho a interferir en ese tipo de asuntos.



Pero si para meterte en mi cama, ¿no? Para eso si, pero no para decirme "ei, deja de hacer planes de futuro conmigo, tienes una hija fuera..." Y si tengo una hija, ahora que lo pienso, con alguien he tenido que tenerla... ¿No pudiste decirme nada?


- No... Pero... sí puedo decirte que no tienes que preocuparte por su padre... hace mucho que ya no estáis juntos, al parecer.



¿Por qué?


- Eso ya no lo sé. No conozco la historia previa, solo ciertos datos, como que eras madre separada.



Estoy alucinando.


- Lo siento muchísimo, de verdad. Pero nada de esto tiene por qué afectarnos a nosotras...



Pero tampoco es como si ayudase en algo...

jueves, 27 de octubre de 2011

Veinte (III)

¡A ver, que alguien me explique qué es lo que está pasando aquí!


- Tranquilícese antes de nada.


No quiero tranquilizarme, quiero una explicación. ¿Por qué ha permitido a mi hija pasar a ver su madre?


-- Papá. ¿Qué pasa? ¿Por qué no quieres que la vea?


No quiero que sufras más por su culpa.


-- Y yo no quiero que ella sufra por nuestra culpa. A mi no me va a pasar nada, yo estoy bien, pero ella no, necesita que la ayudemos, ¿por qué no me dijiste que no recordaba nada de antes? ¿Por qué no me dijiste que no me recordaba? No me duele por ella, me duele por ti, porque me has estado engañando todo este tiempo.


Yo nunca te he mentido.


-- Pero tampoco nunca me has dicho la verdad.


Tampoco es como si tú pudieses hacer algo por ella.


- En realidad...


¡No estoy hablando con usted!


-- Pero yo sí. Le he preguntado qué podía hacer para ayudarla, ahora que ya está mi padre, quiero que me lo diga.


¡No!


-- ¿Por qué no?


No quiero que tengas que pasar por todo esto, no quiero que te vuelvas a ir con ella y que por su culpa no puedas ser feliz...


-- ¿No te das cuenta de que sería más feliz sabiendo cómo está mi madre y pudiendo ayudarla que estando en la más completa ignoracia, pensando en que mi madre está aquí encerrada y yo no puedo hacer nada para solucionarlo?


Pero ¿por qué quieres cambiarlo? ¿Acaso no eres más feliz estando conmigo que cuando estabas con tu madre?


-- Eso no tiene nada que ver... Disculpe, doctora, ¿puede decirnos cómo podemos ayudarla?


- Podríamos empezar a hacer terapia todos juntos, puede que una, incluso, dos veces por semana.


-- De acuerdo, ¿cuándo empezamos?


- Bueno, primero tendría que hablar con ella a solas para ir poniéndola en situación, pero en un par de semanas podríamos programar ya la primera sesión.

Veinte (II)

Le he dicho que no era una buena idea ir a hablar con ella en estos momentos, no sin antes haberla preparado. Tendría que haberme dejado llamar a su padre y entre todos decidiríamos.


- Pero es mi madre. Tengo todo el derecho del mundo a querer verla sin tener que pedir permiso a nadie.


Si yo entiendo lo que está diciendo, pero... las cosas no se hacen así. Por supuesto que no puedo evitar que la vea, la he dejado hacerlo, pero no puede pretender que su madre quiera verla a usted, sobretodo por el hecho de que no tiene ni idea de su existencia. Esta mejorando, mejora mucho y muy rápidamente, pero aún queda mucho trabajo por delante. Algo la ha motivado para que le ocurriese eso, ahora era el momento de ir indagando para poder llegar a solución... pero aún no ha llegado a ese punto, solo trataba de impedir que la viese por eso mismo, supuse que algo así podría suceder, aunque reconozco que me gustaría que hubiese sido todo lo contrario y gracias a usted hubiese dado un paso hacia la recuperación, pero bueno, no ha sido el caso. Siento mucho que haya tenido que ver eso.


- Pues yo no lo siento, porque este tipo de cosas no las sabía, y de no haber venido hoy, probablemente aún seguiría en la completa ignorancia. Entonces, ¿qué vamos a hacer? Porque, no hace falta que le diga que, yo quiero ayudar a que se recupere. Y si no se acuerda de su pasado, ¿quién mejor que alguien de su pasado para ayudarla a recordar?


Eso ya lo hablamos en un momento, su padre está de camino.

Veinte (I)

¿Hola?

- Hola... ¿Qué tal estás?

Muy bien, gracias. ¿Y tú?

- Bien también... Estoy tan contenta de volver a verte...

¿Perdón? ¿Quién eres?

- No... ¿no me reconoces?

...

- Bueno, sé que han pasado cinco años, pero... ¿tan cambiada estoy?

Cinco años...

- Si.

No sé quién eres...


- Yo... yo soy... soy tu hija...

jueves, 9 de julio de 2009

Diecinueve (II)

Su hija está aquí, en estos momento se dirige a ver a su madre.

-


No me ha dejado llamarle antes…

-


No, perdone, pero ella tiene razón, es mayor de edad y tiene derecho a verla sin su consentimiento. No he podido hacer otra cosa…

-


Lo sé, lo sé, pero ¿qué quería que hiciese?

-


Mire, yo estoy aquí para velar por la seguridad de mis pacientes, no para recluirlos e impedir que sus parientes no puedan verlos, si tiene algún inconveniente con eso, haga lo que crea necesario, trasládela si así lo desea, pero no puedo evitar que se vean.

-


Muy bien, aquí estaremos.

Diecinueve (I)

Disculpe, pero no tiene derecho a avisar a mi padre, como ya le he dicho soy mayor de edad y puedo estar aquí sin su consentimiento. Y usted tiene la obligación de cumplir mis requisitos y permitirme verla ya que soy familiar directa. Si me hace el favor, evite los tecnicismos conmigo y haga lo que le estoy pidiendo. Necesito verla de inmediato.

Dieciocho (III)

Por ello estoy hoy aquí, soy mayor de edad y tengo derecho a verla. Quiero saber cómo se encuentra y no me valen los escasos datos que me da mi padre, estoy convencida de que sus informes son bastante más extensos de los que él me hace creer. También me imagino que no me dice toda la verdad porque no será agradable, pero de lo que él no se da cuenta es de que, por mucho que se empeñe, sigue siendo mi madre y quiero saber qué es lo que le pasa, por qué está así y si se puede hacer algo para solucionarlo.

Dieciocho (II)

Y tendremos una casa cerca del mar y un perro, no, no, un gato. Tendremos un gato.

Un gato para tener la casa siempre llena de pelos, si.


Eso se limpia. Tendremos un gato que nos hará compañía y dará más alegría a nuestro dulce hogar.


Con tal de poder estar juntas, ya no hará falta nada más que de alegría, porque yo la desprenderé por cada poro de mi piel.


Con eso ya contaba, jaja.
También tendremos una piscina.

¿Una piscina?


Si, una graan piscina en nuestro espacioso jardín.

Pero, a ver, ¿tú quieres una casa o un palacio?


¿No vas a concederme ese pequeño capricho?

Claro que si, de hecho, con mi sueldo imaginario te compraré una isla imaginaria en un mundo imaginario.


Jajajaja, vale, dejaré de teorizar con absurdos. Pero quiero que nuestra casa tenga terraza.

Una amplia terraza en la que tomar el sol desnudas sin que nadie nos pueda ver.


Si, eso me gusta... Una gran terraza en la cima de un gran edificio en el que nos pondremos morenas mientras hacemos el amor.

Exacto, mente pervertida.


¿Pervertida yo? Has sido tú la que lo ha insinuado antes.

Yo he dicho tomar el sol desnudas.


Claro, como si pudieses verme desnuda sin sentir deseos carnales hacia mi.

Lo mismo te digo.


Jaja, yo no había dicho lo contrario...

Dieciocho (I)

Mi padre es una buena persona y no creo que jamás pensara que las cosas acabarían así. El día que mi madre me pegó, él se cabreo mucho y me dijo que debíamos tomar una decisión. Ya puede imaginarse cual fue el resultado.

viernes, 19 de junio de 2009

Diecisiete

Si, la relación con mi padre cada día iba a mejor, lo que hacía empeorar la que tenía con mi madre. Yo creo que sentía celos porque siempre estaba pendiente de mi, se preocupaba, me consolaba, me hacía regalos y me cedía su hombro para llorar. Creo que no le sentó demasiado bien a mi madre ver todo eso. El día que colmó el vaso fue cuando, no recuerdo exactamente el motivo pero sé que había sido por una tontería, me pegó. Jamás me había levantado la mano, se dedicaba a maltratarme psicológicamente, si, eso se le daba muy bien. Pero aquel día lo hizo.

martes, 16 de junio de 2009

Dieciseis

¿Te puedo hacer una pregunta?

¿Te he dicho alguna vez que no me gusta que me hagas esa pregunta?

No, ¿por qué?

Porque preguntándome eso, ya me estás haciendo una pregunta.

Ya, pero esa no es la pregunta.

Lo sé, por eso no me gusta que me preguntes eso, si quieres hacerlo, pregunta directamente.

Vale... ¿Sabes por qué estoy aquí?

... Pensé que a estas alturas ya sabías el por qué...

No, si eso lo sé. Lo que yo quiero saber es... ¿Cómo es que estoy aquí? ¿Voluntariamente? ¿Alguien me ha obligado? ¿Cómo?

Cariño... no le des tantas vueltas, ¿vale? Yo no soy nadie para contestar a esas preguntas, si tienes que saberlo, alguien se encargará de decírtelo, yo no puedo...

¿Por qué no? ¿Quién mejor que tú para decírmelo?

No, yo no soy nadie para hacerlo...

Si que lo eres. Estamos juntas, ¿no? ¿Por qué no vas a tener el derecho de decírmelo? Además, te estoy preguntando a ti y no a otra persona, así que si, tú puedes decírmelo... por favor...

No, no, no y no. Yo no puedo. No puedo, no quiero y no debo.

Pero ¿por qué?

Porque yo no estoy aquí para eso. Yo tengo que cuidarte y velar por tu seguridad, punto.

Pero no es eso lo que haces...

Si que es lo que hago. Vale, me he extralimitado en mis funciones. Lo que tenía que hacer era bastante más sencillo, pero me he enrolado en una relación sentimental contigo y he complicado más las cosas ya que, ahora, además de cuidar y de mirar que estés bien, tengo que vigilar que no nos descubran...

Lo hubieses pensado antes si tanto te está costando realizarlo ahora...

No me puedo creer que estés diciendo eso. ¿Quieres que lo dejemos y así no tengo que preocuparme por nada más?

No... yo no he dicho eso. Lo que digo es que si te estás quejando, lo hubieses pensado antes. Yo no te obligué a estar conmigo, ni te obligo a esconderte, ni a vigilar tu espalda, ni nada...

Mira, mejor me voy a ir, dejar esta charla y ya, cuando estés más calmada, hablaremos.

A ver, no te enfades. Lo siento, ¿vale? Entiéndeme, por favor. No sé nada de mi vida fuera de estos muros, lejos de ti... Tengo miedo...

¿Por qué?

Porque no sé si estoy aquí porque alguien ha hecho lo posible para que esté y de ser así, ¿qué va a pasar cuando salga? Yo quiero estar contigo... quiero saber si voy a poder hacerlo...

Ahora no tienes que preocuparte por eso, ¿de acuerdo? Estamos juntas y lo estaremos, pase lo que pase y venga lo que venga...

Te quiero...

Quince

No, eso no fue de inmediato. Mi padre regresó a casa a las pocas semanas de haber hablado conmigo, yo misma hice de mediadora entre mi madre y él. He de decir que ha sido una de las cosas más desagradables por las que he pasado en mi vida porque a la que peor trataba era a mi, como es bien sabido al mensajero siempre se le corta la cabeza y eso era lo que hacía mi madre cada vez que me dirigía la palabra. Mi padre me decía que debíamos aguantar un poco más, que se acabaría calmando, pero… ese día no llegaba.

sábado, 13 de junio de 2009

Catorce (II)

Claro que te quiero, por supuesto que lo siento. Te necesito a mi lado, disfruto con tu compañía, me regocijo en tu sonrisa y tu mirada enamorada. Adoro tu caminar tranquilo, me gusta tu mirada perdida y me deslumbra tu satisfacción al encontrarte conmigo.

Catorce (I)

¿Pero cómo no voy a quererte si eres tú la única que hace latir este pobre e inutilizado corazón? ¿Cómo no voy a adorarte si eres tú la única que me sabe hacer volar por un mundo paralelo y lleno de felicidad con tu sola presencia? ¿Cómo podría yo olvidarte si estás presente en cada sensación satisfactoria que siento? ¿Cómo podría yo alejarte si ocupas toda mi mente?

Trece

¿Yo? Claro que me he culpado mil veces de lo sucedido, llegué a pensar que, de no haber sido por mi, nada de esto hubiese ocurrido, que todo estaría bien, en calma… Pero gracias a mi padre pude verlo todo. Él me hizo abrir los ojos. Al principio no me fiaba, pensaba que podía ser algún tipo de estrategia para separarme de mi madre, pero no, nada de lo que ella hacía era normal, pero yo no quería verlo, a pesar de tenerlo delante, a pesar de sufrirlo. A ver, ciertamente, no le costó demasiado convencerme de que era culpa de ella y no mía, pero en el fondo no podía evitar sentirme mal y, esta vez, por doble motivo. Me sentía culpable porque pensaba que podía ser culpa mía realmente y me sentía culpable por estar dudando de mi madre de esa manera.

jueves, 11 de junio de 2009

Doce

Está bien, le contaré la historia desde mi punto de vista.
No puedo decir que haya sido una niña ejemplar, pero tampoco difería tanto de cualquier otro niño de mi edad. Estaba siempre buscando nuevas aventuras, nuevas formas de enfrentarme al mundo, ese mundo sin problemas en el que vive todo niño a cierta edad. Empecé a entrar en la adolescencia y me convertí, de la noche a la mañana, en una rebelde sin causa. En realidad tampoco fue de la noche a la mañana, más bien era una carrera de larga distancia que había comenzado hacía ya muchos años, casi desde el momento de mi nacimiento. En fin, las malas compañías me rodeaban siempre, en el fondo no eran tan malos como parecían, pero la fama les precedía y eso sí que era difícil de cambiar. Me metía en problemas, pasaba muchas horas fuera de casa, etc. Cosas normales en la adolescencia, pero que causaron ciertas… incomodidades en el ambiente familiar. Mi madre se pasaba horas gritándome, acusándome, castigándome por todo y no solo lo pagaba conmigo. Empezó a discutir con mi padre, se pasaba horas cabizbaja llorando por las esquinas, criticando todo lo que hacíamos y al final… Mi padre no pudo soportarlo y se fue dejándonos solas a las dos. Lo odié. Llegué a odiar a mi padre con todas mis fuerzas. Se fue sin mirar atrás, pensé que no nos quería, que no nos soportaba, que… Hasta que un día recibí una llamada. Era él, me preguntaba que cómo iban las cosas, no pude mentirle, a pesar de que era la última persona con la que quería hablar, pero necesitaba contárselo a alguien. Mi madre se pasaba el día alterada, yo prácticamente no podía salir de casa porque temía que se le diese por hacer algún tipo de locura y me estaban matando sus ataques constantes. Mi padre vino a vernos y ella se puso hecha una furia, comenzó a tirarle cosas, le llamaba demonio, decía que estaba harta de que la controlara… Completas incoherencias, ya que él no hacía nada de eso. Yo lo culpaba por haberse ido y ella lo culpaba por, supuestamente, ejercer un control posesivo sobre ella. Era todo muy raro. Al día siguiente quedé con mi padre a solas y… mi mundo dio un giro radical. Ese padre que había mostrado un abandono total por su familia se mostraba, en ese momento, como el ser más preocupado del mundo por el bienestar de sus allegados. Ese completo desconocido era, de repente, mi alma gemela, mi paño de lágrimas, mi único consuelo. Terminamos abrazados los dos, llorando a mares, compartiendo el mismo sufrimiento.

jueves, 4 de junio de 2009

Once

Esta mañana te echo de menos, te echo muchísimo de menos. En realidad es una tontería, puedo tenerte entre mis brazos ahora mismo, podría ir hasta tu habitación y sin mediar palabra lanzarme sobre tu delicado cuerpo, estrechárte con dulzura, besarte sin miedo y disfrutar del calor que desprendes. Pero una extraña sensación se ha apoderado de mi al despertarme...


Y mirar el reloj constantemente
Morderme las uñas como una demente
Y esperar, volver a verte
(...)

¿Será por la canción que está sonando en mi despertador?
No... Creo que, a pesar de saber que ahora mismo podría tenerte, no estás aquí. No estás en cama conmigo, he abierto los ojos y no te he visto, te he buscado en vano entre las sábanas y no hay siquiera algo que me diga que has estado...


Me pudro en mi casa
Me pudro en mi casa
Yo te quiero aquí
Pa que me mates la bicha
(...)

Desearía poder tenerte ahora mismo, desearía que pudiesemos estar en cualquier otra parte y no tener que levantarnos en todo el día de la cama, sin horarios, sin molestías, solo tú y yo... Dos almas juntas, libres y enamoradas... Poder disfrutar la una de la otra sin tener que dar explicaciones a nadie, sin tener que soportar las miradas incesantes de la gente, sin tener que esconder nuestros sentimientos para evitar críticas... Sin temor a vivir...


Y llenarte de flores
El pasillo
Esperarte de pie a que cruzes mi camino
Escuchar tu voz valiente
Cuando te acercas estoy caliente
Y mirar el reloj constantemente
Morderme las uñas como una demente
Y esperar, volver a verte
Disimulando que estoy caliente
Estoy caliente