lunes, 31 de octubre de 2011

Ella me dijo que No - Bunbury

Ella me dijo que no...
la decepcioné, no lo hice nada bien.
No consigo aprender,
soy como un animal extraño, devorándote.

Ella me dijo adios...
No es posible el amor como una destrucción.
Si hay incendios de mañana,
ya no hay lucidez sin esperanza.

Por estar en cualquier parte salvo aquí,
fue un turista de la belleza,
las cosas que uno hace para vivir,
y no perder la cabeza.

Ella dijo se acabo
y yo la creí, cómo no.
La verdad es un armario muy solicitado, y con poca luz.
Ella dijo es el final,
y yo lo soñé la noche anterior,
la fatídica raiz del augurio y la premonición.

Por estar en cualquier parte salvo aquí,
fue un turista de la belleza,
las cosas que uno hace para vivir,
y no perder la cabeza.

El dolor era anterior al pensamiento,
y los orígenes perdidos del lamento ,
¿dónde están?
nos salimos de la ruta...

Por estar en cualquier parte salvo aquí,
fue un turista de la belleza,
las cosas que uno hace para vivir,
y no perder la cabeza.

Ella dijo se acabo...

domingo, 30 de octubre de 2011

Veintitres

A veces, la vida, nos lleva por caminos por los que, ni en las peores pesadillas, habías imaginado.

Son pruebas, obstáculos que esta te pone delante.

¿Por qué?

Esa es una buena pregunta. Supongo que... para hacernos más fuertes...

Lo malo es que a algunos no los hace más fuertes, sino que los destruye.

Temo cuando pienso en eso... ¿y si eso es lo que me depara a mi?
¿Y si no soy capaz de soportarlo y termino de romperme por completo?

Siempre he querido creer que era una persona fuerte, casi inamovible, imperturbable, impenetrable... Alguien a quien no era fácil dañar... He soportado ya demasiadas cosas y he salido airosa de todas ellas, me he fortalecido tanto por dentro, como por fuera... ¿por qué no iba a creer que era lo suficientemente fuerte como para soportar algo más?

Estaba convencida de ello... estaba, tiempo pasado...

Ahora, cada pequeño golpecito que sufre mi corazón, me duele...
Era diferente antaño... los golpes me hacían fuerte, no los sentía, era hielo.
No entiendo por qué ahora me duele tanto... no lo entiendo...
Y mi desesperación va en aumento.
No sé si podré conseguirlo...
Sé que debo luchar, lo sé. Pero tengo miedo... no quiero que me duela.
Prefiero una caída rápida, indolora, que sentir pequeñas puñaladas en el pecho...

viernes, 28 de octubre de 2011

Veintidos (II)

¿Cómo se siente?



- Pues no muy bien.



¿Por qué?



- Creo que usted ha estado presente en todo momento.



Pero no sé cómo se siente, ni qué es lo que lo ha provocado, a pesar de escuchar la misma conversación. Cada uno siente cosas diferentes aunque las palabras sean las mismas.



- Me siento dolida y cabreada con usted.



¿Conmigo?



- Si, si no hubiese dicho que puede que sufra otra crisis, yo no estaría aquí.



No he dicho nada que no sea cierto.



- Según su criterio.



Por supuesto.



- ¿Pero tiene alguna prueba de que eso pueda ocurrir realmente?



Tampoco tengo ninguna prueba de que no pueda ocurrir.



- Eso es que no puede asegurar que me vaya a pasar.



Insisto, tampoco puedo probar que no le vaya a pasar.



- Ni que si. Por eso mismo, ha creado la duda. No tiene pruebas de que me pueda pasar, pero tampoco de que no me pueda pasar. No tiene ni idea de nada. Pero ahora la situación es diferente, ahora ya no podré ser libre y feliz e ir viendo cómo van saliendo las cosas, sino que tendré que estar aquí encerrada, sola y deprimida... ¿esto no es peor?



¿Por que iba a ser peor?



- Porque de la otra manera estaría entretenida. Ahora no tengo otra cosa que hacer más que pensar en cómo y cuándo acabará todo esto.



¿Y no cree que la solución está en sus manos?



- ¿Qué solución? No puedo recordar algo que no recuerdo, por eso mismo, porque no lo recuerdo. ¿Cómo quiere que lo solucione?



Podemos trabajar en eso.



- Podíamos trabajar en eso igual, yo no he dicho que fuese a renunciar a las sesiones. Estaba completamente de acuerdo en venir todas las semanas.



Pero aquí está más controlada, más vigilada. Aquí está mucho más a salvo que en cualquier otro sitio.



- Eso vuelve a ser según su criterio.



Por supuesto. No creo que fuera tenga los medios necesarios por si a usted le ocurre algo.



- Y volvemos a lo mismo de antes. Usted no tiene pruebas de que me pueda ocurrir algo.

Veintidos (I)

No entiendo nada. ¿Por qué motivo iba a tener que estar ella aquí?



- Porque yo quiero que esté.



¿Por qué?



- Porque...



-- Espera. Tome mi carta de dimisión, ha sido un placer haber trabajado aquí durante todos estos años.



¿Qué está pasado exactamente?



-- Lo siento mucho. Todo este tiempo ha tenido razón.



¿Me estás intentando decir lo que creo?



- Si lo que piensa es que mantenemos una relación, si.



-- Sé que esto no debería de haber pasado. Lo sé, pero... no he...



- Hemos.



-- No HEMOS podido evitarlo. Ha sucedido sin más y... aquí estamos...



Lo mejor sería que nos dejases a solas.



- ¡No! Quiero que ella esté conmigo, sino... yo también me iré.



Tú no puedes irte.



- Está claro que ahora ya puedo irme. Da igual que no recuerde el pasado, me da exactamente igual porque todo mi mundo, ahora mismo, es ella. Es lo único que sé que tengo con seguridad y lo único que me importa. Por lo tanto, si ella se va, yo me voy. Obviamente no puede negar que no me he recuperado.



Yo no estaría tan segura. Lógicamente si aún no recuerdas el pasado, es por algo, y ¿quién asegura que no puede volver a darte otra crisis y empeorar?



-- ¿Eso podría suceder?



No es descartable, por el momento.



- No, no. Eso no es cierto. No empecemos con eso ahora...



-- Pero, si es una posibilidad...



- Pero tú y yo no habíamos quedado en eso.



-- Pero...



- No hay peros. Nos íbamos a ir, juntas. Íbamos a venir a las sesiones con mi hija todas las semanas, pero tú y yo estaríamos juntas, lejos de todo esto.



-- Pero eso era antes de saber que te puede dar otra crisis... creí que ya estarías bien, que solo te faltaba recordar, pero...



- No, no me hagas esto. No me hagas esto.

Veintiuno

No, no, no, no... No quiero hablar con esa chica... No quiero hablar con nadie... ¿Qué es todo esto?


- Tienes que hacerlo...



Ha dicho que es mi hija. ¡Mi hija!


- Ya...



¿Desde cuándo tengo yo una hija?


- Diría que desde hace 18 años...



¿Tú sabías algo de esto?


- ...



¿Lo sabías? ¿Era esto lo que se supone que no me podías decir?


- Lo siento...


No me lo puedo creer... Lo sabías y te callaste...


- Yo no te podía decir nada, no tengo derecho a interferir en ese tipo de asuntos.



Pero si para meterte en mi cama, ¿no? Para eso si, pero no para decirme "ei, deja de hacer planes de futuro conmigo, tienes una hija fuera..." Y si tengo una hija, ahora que lo pienso, con alguien he tenido que tenerla... ¿No pudiste decirme nada?


- No... Pero... sí puedo decirte que no tienes que preocuparte por su padre... hace mucho que ya no estáis juntos, al parecer.



¿Por qué?


- Eso ya no lo sé. No conozco la historia previa, solo ciertos datos, como que eras madre separada.



Estoy alucinando.


- Lo siento muchísimo, de verdad. Pero nada de esto tiene por qué afectarnos a nosotras...



Pero tampoco es como si ayudase en algo...

jueves, 27 de octubre de 2011

Veinte (III)

¡A ver, que alguien me explique qué es lo que está pasando aquí!


- Tranquilícese antes de nada.


No quiero tranquilizarme, quiero una explicación. ¿Por qué ha permitido a mi hija pasar a ver su madre?


-- Papá. ¿Qué pasa? ¿Por qué no quieres que la vea?


No quiero que sufras más por su culpa.


-- Y yo no quiero que ella sufra por nuestra culpa. A mi no me va a pasar nada, yo estoy bien, pero ella no, necesita que la ayudemos, ¿por qué no me dijiste que no recordaba nada de antes? ¿Por qué no me dijiste que no me recordaba? No me duele por ella, me duele por ti, porque me has estado engañando todo este tiempo.


Yo nunca te he mentido.


-- Pero tampoco nunca me has dicho la verdad.


Tampoco es como si tú pudieses hacer algo por ella.


- En realidad...


¡No estoy hablando con usted!


-- Pero yo sí. Le he preguntado qué podía hacer para ayudarla, ahora que ya está mi padre, quiero que me lo diga.


¡No!


-- ¿Por qué no?


No quiero que tengas que pasar por todo esto, no quiero que te vuelvas a ir con ella y que por su culpa no puedas ser feliz...


-- ¿No te das cuenta de que sería más feliz sabiendo cómo está mi madre y pudiendo ayudarla que estando en la más completa ignoracia, pensando en que mi madre está aquí encerrada y yo no puedo hacer nada para solucionarlo?


Pero ¿por qué quieres cambiarlo? ¿Acaso no eres más feliz estando conmigo que cuando estabas con tu madre?


-- Eso no tiene nada que ver... Disculpe, doctora, ¿puede decirnos cómo podemos ayudarla?


- Podríamos empezar a hacer terapia todos juntos, puede que una, incluso, dos veces por semana.


-- De acuerdo, ¿cuándo empezamos?


- Bueno, primero tendría que hablar con ella a solas para ir poniéndola en situación, pero en un par de semanas podríamos programar ya la primera sesión.

Veinte (II)

Le he dicho que no era una buena idea ir a hablar con ella en estos momentos, no sin antes haberla preparado. Tendría que haberme dejado llamar a su padre y entre todos decidiríamos.


- Pero es mi madre. Tengo todo el derecho del mundo a querer verla sin tener que pedir permiso a nadie.


Si yo entiendo lo que está diciendo, pero... las cosas no se hacen así. Por supuesto que no puedo evitar que la vea, la he dejado hacerlo, pero no puede pretender que su madre quiera verla a usted, sobretodo por el hecho de que no tiene ni idea de su existencia. Esta mejorando, mejora mucho y muy rápidamente, pero aún queda mucho trabajo por delante. Algo la ha motivado para que le ocurriese eso, ahora era el momento de ir indagando para poder llegar a solución... pero aún no ha llegado a ese punto, solo trataba de impedir que la viese por eso mismo, supuse que algo así podría suceder, aunque reconozco que me gustaría que hubiese sido todo lo contrario y gracias a usted hubiese dado un paso hacia la recuperación, pero bueno, no ha sido el caso. Siento mucho que haya tenido que ver eso.


- Pues yo no lo siento, porque este tipo de cosas no las sabía, y de no haber venido hoy, probablemente aún seguiría en la completa ignorancia. Entonces, ¿qué vamos a hacer? Porque, no hace falta que le diga que, yo quiero ayudar a que se recupere. Y si no se acuerda de su pasado, ¿quién mejor que alguien de su pasado para ayudarla a recordar?


Eso ya lo hablamos en un momento, su padre está de camino.

Veinte (I)

¿Hola?

- Hola... ¿Qué tal estás?

Muy bien, gracias. ¿Y tú?

- Bien también... Estoy tan contenta de volver a verte...

¿Perdón? ¿Quién eres?

- No... ¿no me reconoces?

...

- Bueno, sé que han pasado cinco años, pero... ¿tan cambiada estoy?

Cinco años...

- Si.

No sé quién eres...


- Yo... yo soy... soy tu hija...

sábado, 7 de mayo de 2011

La música dejó de sonar en mi corazón. La maravillosa canción que me hacía despertar, moverme, ser yo misma... dejó de existir... en su lugar ahora solo queda la desesperación y los recuerdos que jamás podrán ser borrados (aquella suave melodía inspiradora)


Y es que ya no noto esa sensación vertiginosa, esas ansias de ir hacia lo desconocido, de seguir caminando, de avanzar a grandes zancadas hacia un paraíso utópico [e irreal]



Mi cuerpo no reacciona ante los estímulos que lo rodean, ya no quiere seguir el compás marcado, ese que siempre quiso seguir, ese que tanto le gustaba y por el que tanto había luchado.


Es cierto que hay desesperación en mi alma (por dejar desaparecer la melodía), pero también es cierto que es la desesperación más apacible, tranquila y reconfortante del universo...
¿Para qué seguir el ritmo marcado, cuando ahora sé que puedo crear nuevas [y más impresionantes, si es posible] melodías que ocupen, de nuevo, todo mi mundo?

miércoles, 9 de marzo de 2011

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Mírame, sólo fue una obsesión
Que se fue de control
Se enredó en tu vestido
 
Puede ser que de tanto que jugué
Ahora en este papel
Mis letras se han confundido
 
Ya lo sé, es sólo diversión
Y no puedo asegurar
Que nadie saldrá herido
 
Entiéndeme, fue raro lo que pasó
Y debo reconocer
Lo imbécil que me he sentido
 
Imagina que ahora todo este al revés
Hoy no te vayas
Hoy no te vayas
Hoy no te vayas
Imagina que ahora todo esta al revés
Hoy no te vayas
Hoy no te vayas
Hoy no te vayas
 
Escúchame, mira que tu amor
Rima con mi dolor
Antes de haber sufrido
 
Puede ser que toda esta soledad
Me hizo al final pensar
En lo que pudo haber sido
 
Vete ya, que ahora me cuesta más
Tratar de disimular
Mis ganas de estar contigo
 
Imagina que ahora todo esta al revés
Hoy no te vayas
Hoy no te vayas
Hoy no te vayas
Imagina que ahora todo esta al revés
Hoy no te vayas
Hooooy

martes, 8 de marzo de 2011

Aquel pequeño rayo de esperanza que, un día, dejaste caer sobre mi corazón… desapareció.

Ha sido extraño verte de nuevo, tanto tiempo después, y no sentir nada.

Por supuesto que, cuando pienso en ti –he de reconocer que bastante poco- , te recuerdo con cariño y te mantengo en un rinconcito de mi corazón

[Ese pequeño lugar que solo puedes ocupar tú]


Y soy feliz, me siento feliz cuando sé que tú estás bien, pero…

no sentí nada… ni bueno ni malo…

ni mucho ni poco…

… nada …


Es cierto que has significado mucho para mi

[tú lo sabes y yo lo sé]

me sacaste de aquel torbellino de ideas macabras y absurdas

me arrancaste todo el pesimismo, todo el dramatismo

pero…

nada.


No sabría decir si es bueno o malo…

si es triste o, por el contrario, debería ser motivo de alegría…


No es olvido. Pues una vez que te han marcado, la cicatriz permanecerá eternamente.

[En este caso una bonita cicatriz]

No es desinterés. Si te has preocupado, siempre te preocuparás.

[De una u otra manera, más directa o indirectamente…]

No es odio. Cuando has querido, odiar es casi imposible.

[El querer es inolvidable…]


Es simplemente que, una vez que alguien se ha cruzado en tu camino, comenzáis a andarlo conjuntamente. Dando apoyo, ayudando y guiando como se pueda. Pero, tras haber llegado al final del sendero… al encontrarte en esa encrucijada de caminos… no siempre se elige entre ambos… y los caminos se separan. A veces llegan a juntarse de nuevo, puede que solo momentáneamente, y… por supuesto que no es lo mismo que antes. No puede serlo, no camináis en el mismo sentido, pero… ¿qué más da? Lo realmente importante es el camino que sí habéis recorrido. Y que, pase lo que pase luego, aquello jamás podrá ser eliminado.

martes, 4 de enero de 2011

Recuerdo aquellas tardes silenciosas en las que, no muy consciente de los verdaderos motivos, era incapaz de desviar mi atenta mirada de ti. Aún hoy en día, puedo evocar el olor de tu piel. Rememoro, a la perfección, la suavidad de tu tacto, tus ojos verdosos y tu piel blanquecina. Diría que recuerdo el color exacto de tu cabello, pero la verdad es que te lo vi de tantos colores que no sabría decir cual era el tuyo realmente. Pero sé que me gustaba, de hecho aún sonrio cada vez que me vienen imágenes de ti a la cabeza, cada una con un peinado o un color diferente.

Qué agradable era descansar sintiendo tu cuerpo contra el mio, viendo películas a oscuras, juntándonos y apretándonos fuerte para no tener frío en aquella ciudad gélida del interior. ¿Recuerdas cuando me fui a vivir allí? ¿Recuerdas el frío que hizo ese año? Fue la primera vez que vista la nieve, y la última... Se te veía tan feliz. Menos mal que había encontrado unos guantes, sino no sé lo que hubiese sido de mi. Luego nos sentamos frente a la chimenea, sonrientes, yo disfrutaba de la alegría e ilusión que desprendías en aquel momento, pese al frío que teníamos. ¿Sabes que bebimos mucho esa noche? Bebimos tanto que, en cierto momento, te dije algo que jamás pensé que saldría de mis labios. Nunca hemos hablamos de ello y, tengo que admitir, que siempre me ha comido la curiosidad. Probablemente debería habértelo preguntado antes, pero soy tan excesivamente cobarde... Ahora ya no hay vuelta atrás, de ser así, te aseguro que las cosas serían diferentes, te hubiese perseguido hasta el fin del mundo... ¿Te acuerdas de todo lo que sucedió esa noche? ¿Te acuerdas del vino descendiendo por tu garganta? Aún siento el mismo vértigo que entonces cuando, sin poder evitarlo, esas palabras salieron del fondo de mi alma cayéndonos encima como si de una tormenta desatada se tratase. Y el dulce sabor de tus labios que, ferozmente, se encontraron con los mios. El agradable y excitante pelear de nuestras lenguas. El asfixiante calor que nos envolvía mientras nuestras prendas se iban deslizando sutilmente, terminando su recorrido silencioso en la alfombra oscura que a nuestros pies se hallaba. Para mi, fue el principio del fin. Realmente, nunca he podido olvidar aquella maravillosa noche, todo se ha quedado gravado a fuego en mi. Me arrepiento tantísimo de no haber salido en tu búsqueda... tal vez todo sería de otra forma.

Te quería de verdad, aún lo sigo haciendo, nadie ha vuelto a ocupar mi corazón ni me pensamiento como tú has hecho. Por qué... ¿por qué no me lo pudiste contar? Al despertar y ver solo una fría nota, creí que jamás podría recuperarme. Un "Lo siento" no calmaba nada a mi, en ese preciso momento, dolorido corazón.
Pero no pienses mal, esto no es para echarte nada en cara ni quiero que pienses que me enfadé contigo, si acaso me cabreé conmigo misma, por haberte permitido irte sin hablar antes. Ahora el "Lo siento" te lo digo yo a ti. Siento haberte abandonado, aunque físicamente tú me dejases primero. Siento no haber sido lo suficientemente valiente para ir a buscarte. Siento muchísimo no haber comprendido los motivos de tu ausencia, los entiendo ahora.
Pero ahora ya es tarde y por eso lloro, por eso no puedo contener estas lágrimas, por eso esta carta desesperada. Lo siento, lo siento muchísimo.
Lo siento por haberte amado en la distancia, lo siento por no haber estado para tenderte una mano cuando sufrías, lo siento por no poder juntar nuestros labios nunca más, lo siento por haber dejado que te fueses sola de este mundo...

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Los pétalos rojos van cayendo y formando una montañita a mis pies. No sé cuántas dulces flores he malgastado en este tiempo, ni siquiera recuerdo si predominan los "me quiere" o "no me quiere".
Ya no noto el avance del tiempo, ni me azota la ansiedad que antes sentía.
Creo que la esperanza me ha dado la espalda y me he quedado sola, ante este cruce de caminos, esperando... esperando a que ella llegue a rescatarme, como un caballero de antaño, sobre un caballo blanco y blandiendo una espada con la que deshacerse de quien se interponga en el camino.
Y permanezco aquí sentada, con los huesos helados y el corazón visible en mi abierto pecho, arriesgándose a sufrir cualquier tipo de deterioro.
A veces, creo escuchar los pesados cascos de su caballo acercándose, pero no es más que el fuerte palpitar de mis sienes.
No puedo forzar las cosas, no puedo retroceder, ni avanzar.
Estoy perdida y parece que nadie me va a encontrar...

lunes, 29 de noviembre de 2010

Sé que no debería de sentirme así (corrompida por dentro, ahogada en mis propios llantos, consumida por el odio y rota por el dolor), sé que debería alejar ciertos pensamientos de mi mente (nadie me comprende, todos intentan herirme, soy lo peor del mundo, no tendría ni que existir) pero, a veces, me resulta muy complicado lograrlo. La mayor prate del tiempo no soy capaz ni de enfrentarme al mundo -no quiero salir a la calle y toparme con la mirada de nadie- ni de elevar mi voz por encima de los demás -no puedo emitir más que susurros incomprensibles- ni siquiera puedo pensar yo misma con claridad.

Lo jodido es que, por más que lo intento, no soy capaz de hallar las razones de por qué tengo que estar pasando por todo esto. Solo me queda una opción posible y es que estoy jodida de la cabeza, tengo la autoestima por los suelos (igual carezco por completo de ella...), un grave problema de afecto y un sentimiento constante de culpa provocado por mis acciones (y reacciones) ante ciertos sucesos de la vida.
Pero todo tiene un factor común, todo viene derivado de los putos fantasmas que me han seguido y seguirán a lo largo de los años.

Hijos de puta, dejadme tranquila de una vez.

sábado, 21 de agosto de 2010

[...]

Hacía una noche suave, no se levantaba el aire y se podía respirar el olor a mar. Mucha gente no es capaz de apreciar ese olor tan peculiar que tienen las ciudades costeras, es una pena, porque realmente es agradable disfrutar de esos pequeños detalles. Es como cuando te vas a una ciudad del interior y solo hay contaminación, el aire está cargado y la suciedad atmosférica se te queda pegada, pero luego cuando regresas, es todo maravilloso, disfrutas como si fuese la primera vez que sientes la suave brisa costera, el dulce olor a mar y respiras una gran bocanada de aire limpio y puro. Si, adoro el mar, adoro vivir pegada a él, creo que jamás podría irme a una ciudad sin mar, me gustan los largos paseos por la playa, ver las olas constantemente jugando en la inmensidad… Lo adoro.

[...]

miércoles, 9 de junio de 2010

Independiente y autosuficiente. Independiente y autosuficiente. Independiente y autosuficiente. Independiente y autosuficiente.

Si, soy una persona independiente y autosuficiente, por lo que no necesito a ningún machito que vele por mi. Es más, estoy tan convencida de lo que soy, que no tendré ningún problema en demostrarlo.

Creías haberme dejado lo suficientemente jodida, psicológicamente hablando. Casi lo consigues, estuviste muy cerca, tanto que casi me consigues físicamente. Pero no has podido conmigo, a pesar de que temblaba cada vez que utilizabas un mínimo de fuerza para acercarte más a mi. A pesar de saber que, en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, saldría perdiendo. Pero aún así, no conseguiste nada. Me hiciste derramar tantas lágrimas... Pensé haberte convencido tantas veces y me defraudaste todas ellas... Hiciste que me odiase a mi misma. Pero aún así el odio que tengo hacía ti, es mucho mayor, eso fue lo que me dio fuerzas. Por eso nunca me rendí, jamás me dejé vencer. Y por eso mismo, te lo digo, te lo demuestro con mis cínicas sonrisas que esconden la delicia de la superioridad; con mis gestos tranquilos y calmados al dirigirme a ti, para que veas que TÚ (miserable ser) no eres capaz de turbar mi paz; con mis mordaces palabras que, si no fuese porque puedo hablar todavía más, intentarías reprimir; y con mis siempre y mejorados rechazos públicos (en todos los aspectos que sean posibles). Solo una cosa más:


JÓDETE CABRÓN!!!! Ni TÚ (putrefacto insecto) ni nadie va a conseguir hundirme. Solo YO tengo ese puto DERECHO. Es MI vida y hago con ella lo que QUIERO, como quiero, cuando quiero y con quien quiero.

miércoles, 2 de junio de 2010

No, déjame explicarte exactamente como me siento. Si es que lo consigo...

Hay algo, no sabría decir el qué, solo sé que es una sensación muy intensa, parpadeante, un sube y baja, un vuelco de estómago, algo así... Me dan leves palpitaciones, no son incómodas, solo... parece que se me altera la adrenalina. Mis músculos están en constante tira y afloja, las manos me tiemblan suavemente, tampoco es apreciable a la vista. Lo noto yo y lo veo en mi letra tan extrañamente en movimiento. El calor sonroja mis mejillas...

La tía que está sentada dos mesas más allá, ¿la ves? Esa rubia teñida de jersey rojo.
Me está poniendo sumamente nerviosa, no en el sentido psico-sexual, sino en el peor de todos, me está consiguiendo enfurecer con tanta miradita. Si al menos lo dejase un momento para permitirme continuar con mi relato de sensaciones...

Si, tienes razón, me dejo influenciar demasiado por mi entorno, me concentraré única y exclusivamente en el tema en el que estábamos.
Como te decía, son sensaciones no del todo desagradables, pero que tampoco consiguen ser un poco agradables. Es como si... estuviese acostumbrada ya a ellas y no me afectasen tanto cuando de repente llegan. Supongo que, en el fondo, sé que esa es la razón. Siempre que he confiado en alguien, cuando parecía que las cosas, en general, comenzaban a tener sentido, a tener claridad y una resolución agradable. Justo en ese punto, todo se empieza a torcer. Pero no es una caída progresiva, si al menos fuese así... No, siempre es dura, grande, intensa. Cuando algo se empieza a torcer, toda la estructura comienza a tambalear, pero no te da tiempo ni a reforzarla, sino que todo, absolutamente todo, se derrumba ante tus propias narices. Incluso aquel pilar que se veía el más fuerte, el más seguro e inamovible, se hace añicos.
Entonces, ¿qué te queda? Nada... Lo único, acostumbrarte a los movimientos inesperados que suceden, acostumbrarte a las caídas fatídicas...
Pero no es tan malo, ya lo ves, al final estás tan acostumbrada a que esas cosas ocurran que ya lo único que notas son leves, aunque intensas, sensaciones en tu interior. Esas que te dicen que las cosas están volviendo a acabar y que, en breves, deberás buscar en otro sitio el terreno para que puedas volver a edificar.
¿Crees que algún día lo conseguiré?
A veces me dan ganas de abandonar todo y necesito de un rayito de esperanza, algo que me haga creer... Pero la mayoría de las veces, vivo sin esa luz... Vivo por vivir... Con las manos vacias, solo las palpitaciones que me azotan, de vez en cuando, me recuerdan que sigo aquí...

domingo, 30 de mayo de 2010

Vamos, nena, ven conmigo. Hagamos, de nuevo, las locuras del ayer. Vivamos sin importarnos las reglas. Solo existimos tú y yo.

Ven, chica, vuela conmigo. Volvamos a hacer maldades, sin preocuparnos por nada más. Solo estamos tú y yo.

Venga, cariño, vamos de aquí. Únete a mi y vayámonos lejos, muy lejos, sin mirar hacia atrás, sin remordimientos. ¿No lo ves? Solo existimos tú y yo.


sábado, 20 de febrero de 2010

Soy esa chica dura, silenciosa, la observadora nata. Esa que está ahí a tu lado, esa a la que no ves, o ves a ratos. La que brilla por su ausencia, la que deslumbra cuando habla, la que ciega si se calla. Soy esa que está tras las sombras velando tus pasos. Soy la chica en la que nunca piensas y de la que, al mismo tiempo, no puedes olvidarte. Soy el calor más asfixiante, el frío más intenso, la luz que te guia, el demonio que te tienta. Soy la paz que te atrapa y la que descarga sobre ti la peor de las tormentas. Soy piadosa cuando me conviene y el verdugo más inhumano cuando se me hiere.Dime ahora, si aún te atreves, ¿qué deseas conseguir al acercarte a mi?

lunes, 14 de diciembre de 2009

Sé que no eres más que una niña y que hay conceptos que no entiendes, pero me siento en la obligación de ir enseñándote ya desde pequeña que existen cosas que no siempre va a entender todo el mundo. Y tú, mi dulce niña, vas a ser el centro de muchas miradas, de muchas críticas. Te van a hacer sentir mal en innumerables ocasiones por ser quien eres. Por ser hija de quien eres. No somos ni mejores ni peores que cualquier otra familia, pero muchos nos consideran diferentes por amar como lo hacemos. Solo quiero que tengas presente una cosa: te queremos más que a nada en el mundo y eso nadie va a poder cambiarlo. Estaremos siempre contigo, tanto en los buenos como en los malos momentos y, puedes creerme cuando te digo que habrá muchos momentos malos. Te cabrearás, llorarás, odiarás a la gente, incluso es probable, a pesar de lo que implica, que nos llegues a odiar a nosotras. No te preocupes, es normal, sobre todo cuando la sociedad te dice que algo no es lo correcto y tú lo estás viendo a todas horas en tu casa. No te lo vamos a tener en cuenta siempre y cuando te des cuenta de que no es a nosotras a quien debes odiar. Eres nuestra hija y repito: siempre estaremos ahí para ti. No le des demasiada importancia a lo que los demás puedan decir, ni eres lesbiana ni te vamos a obligar a serlo, tú serás la que decida a quien querer. No te vamos a educar de forma diferente a como lo haría cualquier otra familia, pero sí te enseñaremos unos valores fundamentales que, esperamos, te sean útiles en la vida. Sabemos que nosotras también vamos a errar en el transcurso de tu vida, pero te intentaremos dar todo el apoyo que necesites sin preguntar. Solo espero, mi amor, que jamás permitas que las opiniones de la gente te depriman ni que consigan alejarte de nosotras. Pero tampoco te comportes nunca como ellos. Entiéndelos, todos somos humanos y sentimos miedo hacia las cosas que no conocemos. Nosotras, para muchos, formamos parte de algo que no logran entender, por eso nos temen y se comportan así. Por lo tanto, cuando escuches una crítica, no le des importancia. Que ellos no puedan ser comprensivos, no significa que tú tampoco puedas serlo. Cariño, queremos que camines con la cabeza bien alta, que no juzgues a la gente a la primera de cambio, que intentes empatizar con el mundo y que seas una persona razonable. Igual es esperar demasiado, pero estamos convencidas de que acabarás siendo una persona maravillosa porque, pese a lo que otros puedan pensar, vas a crecer rodeada de amor, de comprensión y, de ahí, solo pueden salir cosas preciosas.