jueves, 9 de julio de 2009

Diecinueve (II)

Su hija está aquí, en estos momento se dirige a ver a su madre.

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No me ha dejado llamarle antes…

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No, perdone, pero ella tiene razón, es mayor de edad y tiene derecho a verla sin su consentimiento. No he podido hacer otra cosa…

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Lo sé, lo sé, pero ¿qué quería que hiciese?

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Mire, yo estoy aquí para velar por la seguridad de mis pacientes, no para recluirlos e impedir que sus parientes no puedan verlos, si tiene algún inconveniente con eso, haga lo que crea necesario, trasládela si así lo desea, pero no puedo evitar que se vean.

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Muy bien, aquí estaremos.

Diecinueve (I)

Disculpe, pero no tiene derecho a avisar a mi padre, como ya le he dicho soy mayor de edad y puedo estar aquí sin su consentimiento. Y usted tiene la obligación de cumplir mis requisitos y permitirme verla ya que soy familiar directa. Si me hace el favor, evite los tecnicismos conmigo y haga lo que le estoy pidiendo. Necesito verla de inmediato.

Dieciocho (III)

Por ello estoy hoy aquí, soy mayor de edad y tengo derecho a verla. Quiero saber cómo se encuentra y no me valen los escasos datos que me da mi padre, estoy convencida de que sus informes son bastante más extensos de los que él me hace creer. También me imagino que no me dice toda la verdad porque no será agradable, pero de lo que él no se da cuenta es de que, por mucho que se empeñe, sigue siendo mi madre y quiero saber qué es lo que le pasa, por qué está así y si se puede hacer algo para solucionarlo.

Dieciocho (II)

Y tendremos una casa cerca del mar y un perro, no, no, un gato. Tendremos un gato.

Un gato para tener la casa siempre llena de pelos, si.


Eso se limpia. Tendremos un gato que nos hará compañía y dará más alegría a nuestro dulce hogar.


Con tal de poder estar juntas, ya no hará falta nada más que de alegría, porque yo la desprenderé por cada poro de mi piel.


Con eso ya contaba, jaja.
También tendremos una piscina.

¿Una piscina?


Si, una graan piscina en nuestro espacioso jardín.

Pero, a ver, ¿tú quieres una casa o un palacio?


¿No vas a concederme ese pequeño capricho?

Claro que si, de hecho, con mi sueldo imaginario te compraré una isla imaginaria en un mundo imaginario.


Jajajaja, vale, dejaré de teorizar con absurdos. Pero quiero que nuestra casa tenga terraza.

Una amplia terraza en la que tomar el sol desnudas sin que nadie nos pueda ver.


Si, eso me gusta... Una gran terraza en la cima de un gran edificio en el que nos pondremos morenas mientras hacemos el amor.

Exacto, mente pervertida.


¿Pervertida yo? Has sido tú la que lo ha insinuado antes.

Yo he dicho tomar el sol desnudas.


Claro, como si pudieses verme desnuda sin sentir deseos carnales hacia mi.

Lo mismo te digo.


Jaja, yo no había dicho lo contrario...

Dieciocho (I)

Mi padre es una buena persona y no creo que jamás pensara que las cosas acabarían así. El día que mi madre me pegó, él se cabreo mucho y me dijo que debíamos tomar una decisión. Ya puede imaginarse cual fue el resultado.

Acelera , me digo a mi misma, que el día es muy corto y aún me queda mucho camino por recorrer. El paisaje se precipita a mi alrededor, no sé exactamente hacía donde me dirijo, solo sé que me gustaría poder estar allí ahora mismo. Un poco más, un cruce sin señales, una recta kilométrica, el pie me pesa sobre el acelerador, la aguja del velocímetro sigue avanzando escandalosamente marcando el 130. Deja de pisarlo tanto que una multa por exceso de velocidad en estos momentos no te va a resultar nada agradable. La música resuena en mis oídos y sin poder evitarlo me pongo a cantar. ¿Cantar? ¿Desde cuándo sé cantar? La palabra más adecuada sería gritar… Elevo la voz, aun que mis palabras se quedan ahogadas por el volumen excesivo de la música. Curva a la derecha, curva a la izquierda, derecha de nuevo, joder, cuántas curvas. No sé de qué me quejo, me gustan las curvas, por eso siempre opto por viajar por carreteras secundarias, para hacer el viaje más ameno, curva hacía aquí, curva hacía allá, cambio de rasante, adoro conducir. Fíjate bien en los detalles, el camino es nuevo y perderse sería fatídico. La ansiada meta está frente a ti, un poco más, un poco más y habrás llegado.
Horas y horas sentada frente al mar, horas y horas esperando una sonrisa, horas y horas divagando sobre ti, horas y horas… mi mente no puede más… mi salud mental se deteriora, mis nervios se crispan, mi cabreo aumenta y esta sensación tan extraña se apodera de mi.
Jamás había experimentado tal sucesión de sentimientos, de emociones, de pensamientos encadenados, erróneos, martirizados.
¿Es soledad, es impotencia, es rabia lo que siento? ¿Es comprensión, debilidad, serenidad? ¿Es culpable, es inocente, es estúpida como me siento?
Peliculera, si, es cierto, soy una peliculera, para bien o para mal, pero así soy yo. La paranoia sigue en aumento, la visión de la realidad se ve en diferido, los sentimientos se contradicen, pero la parte buena de toda desgracia se ve, al final, multiplicada por mil.